jueves, 21 de marzo de 2013

Demon Seed (Donald Cammell, 1977)




Engendro mecánico / La generación de Proteo

Ficha Técnica:

Título original:

Demon Seed

Año:

1977

País:

Estados Unidos

Género:

Terror. Ciencia-ficción

Dirección:

Donald Cammell

Guión:

Robert Jaffe, Roger O. Hirson (Novela: Dean R. Koontz)

Duración:

91 min

Reparto:

Julie Christie, Fritz Weaver, Gerrit Graham, Berry Kroeger, Lisa Lu, Larry Blake

Datos del archivo:

Idioma:

Inglés con subs en español (srt)

Calidad:

DVDRip

Resolución:

720x304

Formato:

AVI

Tamaño:

699 MB


Sinopsis:
Susan Harris está sola en casa cuando, de repente, la puerta se cierra con llave, las ventanas se cierran de golpe y el teléfono deja de funcionar. Susan ha sido atrapada por un intruso… pero no se trata de un matón ordinario. No, el intruso es un ordenador llamado Proteus, un cerebro artificial que ha aprendido a razonar. Y a aterrorizar. (FILMAFFINITY)

Si nos decidimos a acercarnos a esta película, de extravagante título español, nos encontraremos con un producto bastante más digno y sólido de lo que cabría esperar con una base tan pobre. Me explico: Engendro mecánico está basada en una novela generalmente considerada como menor dentro de la trayectoria del escritor de best sellers Dean R. Koontz, Demon Seed, publicada en España como La semilla del demonio (nada que ver con la magistral película de Roman Polanski).

Sin ser algo particularmente excepcional, Engendro mecánico se puede disfrutar mucho siempre que se acepten sus premisas estéticas e ideológicas, pues se trata de una película desfasada en varios de estos aspectos. La podemos englobar dentro de un hipotético sub-género que se ha dado en llamar tecno-thriller, en una línea muy parecida a la del también escritor de ciencia ficción comercial Michael Crichton, quien se prodigó bastante durante la década de los setenta, dirigiendo películas como Almas de metal (1973) o Coma (1978) a partir de obras propias o siendo adaptado por otros directores en El hombre terminal (Mike Hodges, 1974) o La amenaza de Andrómeda (Robert Wise, 1971).

Al igual que muchas de estas propuestas, Demon Seed nos habla sobre los peligros que entraña el progreso, representados en un súper ordenador pensante, lo que ahora denominamos una Inteligencia Artificial (IA). La premisa es muy básica. Nada de complejas disertaciones filosóficas (más bien las justas), nada de planes megalómanos para subyugar a la raza humana. Proteus IV, bautizado así por el equipo científico a su cargo, sólo ansía una cosa, salir de su encierro, sobrepasar las fronteras impuestas por su hardware y generar una vida autónoma, capaz de valerse por sí misma.

Ahí es donde entra en juego Julie Christie, una de las bazas a favor de la película. A tan sólo doce años de su magistral trabajo en Doctor Zhivago (David Lean, 1965), la estrella se luce como protagonista casi absoluta, dotando de cierto rigor un papel difícil y resbaladizo, que fácilmente podría haber navegado entre las aguas de lo poco creíble e incluso lo risible. Nada de eso sucede y desde el principio asistimos angustiados al asfixiante encierro de la actriz y a su torturada relación con la máquina, siendo una de las mejores escenas la de la cocina, en la que Susan decide plantarle cara a su oponente sin más armas que su voluntad, algo que casi la aboca a la muerte.

Otro personaje importante es el marido de Susan, el doctor Alex Harris, interpretado por el televisivo Fritz Weaver, al que hemos visto infinidad de veces en su dilatada carrera de producciones para la pequeña pantalla (desde la serie original de Twilight Zone, pasando por Star Trek: The Next Generation, hasta en la relativamente reciente Ley y orden). En un correcto pero discreto papel de científico obsesivo, que no se desata totalmente hasta el clímax final de la película.

Otro secundario, anclado posteriormente en la serie B y Z, es Gerrit Graham, al que muchos recordamos por su mítico papel en El fantasma del Paraíso de Brian de Palma. En esta cinta, sorprendentemente, se muestra contenido y sobrio. Sin embargo, su cometido como amigo de Susan, el único que se acuerda de ella durante su periplo, se adivina bastante gratuito.

Por último encontramos a Proteus, el gran ordenador parlante, capaz de razonar, al que presta su voz el sufrido Robert Vaughn, un actor algo superior, pero con una trayectoria un tanto irregular. Vaughn construye un personaje frío y reflexivo, acertadamente desprovisto de sentimiento o compasión alguna. El trabajo del actor, unido a la sutil utilización de ópticas deformantes que acompañan a la cámara subjetiva del súper-ordenador, ayudan bastante a lograr el desasosegante perfil de la maquina.

Y esto nos lleva directamente al diseño de Proteus y al diseño de producción en general, que navega entre el pop art setentero, la estética Zen y la Sci-Fi futurista. El maléfico ordenador se dota de muchas manifestaciones físicas, desde el gigantesco cerebro, o disco duro, alojado en las dependencias de la corporación, que recuerda, en clave contenida, a los diseños más desaforados y coloristas de Planeta prohibido (Fred M. Wilcox, 1956), pasando por las enmoquetadas dependencias diseñadas para establecer comunicación con él a través de sicodélicas pantallas, hasta los tentáculos que es capaz de desplegar a través de sus terminales, una de ellas situada en la vivienda de su creador y su esposa Susan. A saber: las cámaras binoculares de reducida movilidad, situadas estratégicamente por toda la vivienda, que nos recuerdan poderosamente a HAL de 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), con lucecita roja incluida, y el brazo mecánico inventado por el doctor Harris que nos lleva directamente a otra IA terrorífica, la que se rebelaba en Saturno 3 (Stanley Donen, 1980), una curiosa película posterior, con Kirk Douglas como protagonista.

Otro de los grandes aciertos del diseño de producción es, sin duda, el monstruo geométrico que crea Proteus en el laboratorio particular del doctor, todo un alarde de simplicidad y efectividad que funciona asombrosamente bien en las escenas de las que es partícipe.

Así vemos que una cinta que en algunos aspectos encontramos muy desfasada, en otros se anticipa y nos conduce hacia conceptos más propios de nuestros días. Diserta, un poco por encima, sobre la clonación humana a partir de las cadenas de ADN, tan en boga en nuestros tiempos. Y posee ciertos toques que podríamos catalogar de cyberpunk, como la violación de Julie Christie por parte de Proteus, una escena que no podemos pasar por alto, por bizarra e inquietante, y que parece haber inspirado a las últimas oleadas de creadores del manga y el animé. La fusión entre carne y metal, salvando las distancias, más propia de productos de David Cronenberg como La mosca (1986) o del asiático Shinya Tsukamoto y su díptico Tetsuo (Tetsuo y Tetsuo 2, de 1988 y 1992), se adivina en el apoteósico final, durante el nacimiento de ese ser de cáscara metálica e interior orgánico, que provoca sentimientos encontrados en Julie Christie.

En resumidas cuentas, esta curiosa pieza de ciencia ficción terrorífica, dirigida por el responsable del film de culto Performance, Donald Cammell, es una rara avis difícil de olvidar, con más aciertos que fallos, buenas interpretaciones, un discurso interesante y un nivel de FX respetable. (Dani Morell: Pasadizo)


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Enlaces de descarga (Contraseña: HmB79):
 https://1fichier.com/?s9dn2xgbpw

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