viernes, 1 de junio de 2012

Brick (Rian Johnson, 2005)



Brick

Ficha Técnica:

Título original:

Brick

Año:

2005

País:

Estados Unidos

Género:

Drama / Intriga / Thriller

Dirección:

Rian Johnson

Guión:

Rian Johnson

Duración:

110 min

Reparto:

Joseph Gordon-Levitt, Lukas Haas, Nora Zehetner, Matt O'Leary, Noah Fleiss, Richard Roundtree, Emilie de Ravin, Meagan Good y Brian J. White

Datos del archivo:

Idioma:

Inglés con subs en español (srt)

Calidad:

BRRip

Resolución:

1280x720

Formato:

MP4

Tamaño:

700 MB


Sinopsis:
El filme sigue el devenir de Brendan Frye (Joseph Gordon-Levitt), un estudiante de instituto del sur de California, un chico de aguda inteligencia que no teme respaldar sus palabras con acciones si la situación lo requiere. No obstante, prefiere mantenerse al margen de todo hasta que su ex novia, Emily (Emilie de Ravin) vuelve inesperadamente a su vida, al parecer con problemas, para desaparecer poco después sin dejar rastro. Sus sentimientos por ella aún son profundos. Demasiado. De modo que, obsesionado por saber qué ha sido de su problemático amor, Brendan se embarcará en una peligrosa búsqueda, en la que sólo contará con la ayuda de su único amigo, 'The Brain' (Matt O'Leary), que le llevará a descubrir los oscuros secretos de los alumnos de su instituto y a colisionar con los mundos de extraños personajes como Laura (Nora Zehetner), una sofisticada niña rica, el matón Tugger (Noah Fleiss), el yonqui Dode (Noah Segan), la seductora Kara (Meagan Good) y el siniestro 'The Pin' (Lukas Haas).

El llamado film noir se ha convertido en un fantasma que surge de vez en cuando para recordarnos que hubo una época en la que disfrutó de esplendor para, poco a poco, ir perdiéndose en reconstrucciones más o menos bien montadas y miradas retros donde sus códigos son modelados a conveniencia de cada creador aunque siempre mirando al pasado. El reciente estreno de La dalia negra, de Brian de Palma, viene a corroborar la posibilidad de, hoy en día, realizar una película con look noir, partiendo, además, de quien es probablemente el mejor escritor del género en activo, James Elroy. Sin embargo, de Palma no consigue otorgar a toda la película de interés, quizá porque las reconstrucciones comienzan a ser pesadas. Algo similar le ocurre a L.A. Confidential, de Curtis Hanson y también partiendo de Elroy, cuyos posteriores visionados no hacen sino sacar a la luz lo artificial de la propuesta. Películas así ponen de relieve la necesidad de, sin dejar de lado los llamados géneros clásicos, otorgarles de algo nuevo, reconstruirlos pero mediante una mirada de renovación, un intento de traerlos al presente mediante una nueva manera de entenderlos. Algo que ha logrado Rian Johnson con su primer largometraje, Brick.

Sobre el papel, el proyecto de Brick presentaba no pocos riesgos. Adaptar el mundo de Chandler y Hammett, como fue el propósito de Johnson, a un instituto norteamericano, donde el detective pasara a ser un joven estudiante, Brendan (un excelente Joseph Gordon-Levitt) que investiga, primero, la desaparición de su novia, Emily (Emilie de Ravin), para, después, hacer lo propio con su muerte, con un trasfondo de drogas y alta sociedad estudiantil, podía acabar no siendo considerado demasiado serio. Un pequeño desliz y todo se iría abajo. De hecho, la idea en sí misma viene a desmontar todo lo construido dentro del género en el mismo momento en que se subvierten sus códigos para mostrar la posibilidad de su maleabilidad. Sin embargo, Johnson no sólo se toma la propuesta con seriedad (aunque no falte la ironía en determinados momentos), sino que, sobre todo, con respeto. Respeto no sólo al género, al que nunca mira de manera altiva, sino ante todo a sus personajes e historia. Cree en ellos, de ahí la solidez de la propuesta.

Queda patente que Johnson conoce el género por el que se mueve, de ahí que construya unos diálogos que bien podrían salir de las páginas de los escritores citados anteriormente aunque adaptándolos a un contexto y una época muy precisa. Cierto es que pueden resultar forzados en un momento dado, impuestos a la trama y que no resulten demasiado realistas, pero el cineasta logra transmitir veracidad en todo momento gracias a la seriedad de la propuesta y la solidez con que construye Brick. Una mirada atenta a los movimientos de los actores, a sus poses y gestos, denota a su vez un trabajo muy medido a la hora de querer trasmitir mediante el cuerpo del actor una presencia muy concreta en pantalla; Johnson es consciente de la importancia icónica que ciertos actores y actrices crearon a través de sus gestos y miradas dentro del cine negro, por eso, sin intentar crear correlaciones, como sí pasa, por ejemplo, en La dalia negra, busca en los actores, no sólo en el diálogo o la puesta en escena, el lenguaje preciso para la historia.

Brick es una película fundamentada antes en los detalles que en el contexto general, de ahí que siempre se tenga una idea fragmentaria de la historia, a pesar de su linealidad y claridad. No hay un despliegue estructural confuso, pero queda siempre la sensación de una realidad incompleta, donde nunca se llega a saber todo de los personajes, aunque eso no suponga un lastre, ni de la propia comunidad donde se mueven. Es suficiente para crear una abstracción en derredor de la historia para poner de relieve el mundo de las drogas, por ejemplo, que se mueve por el instituto o las motivaciones sentimentales de cada personaje. Brendan investiga yendo de una lado hacia otro y recibiendo tantos palos como cualquier héroe del noir, muestra de su perseverancia antes que de su dureza. Sin embargo, en toda su investigación hay algo más personal que general, le importa antes el poder saber quién mató a su novia, con quien tuvo una discusión al estar ella introducida en un mundo que a él no le pertenece y consecuentemente les aleja, que aquello que motivó su muerte, a pesar de que al final todo confluya en un todo. Como en cualquier buena película negra, hay una tela de araña que se va tejiendo y destejiendo según avance su investigación.

Siempre hay dobles caras y espejos que no siempre devuelven el mismo rostro reflejado, como demuestran sus conversaciones con una amiga de Emily, con quien conversa en el teatro donde actúa y siempre con diferentes rostros, maquillada y ocultando lo que realmente hay tras ella. Johnson enfatiza en todo momento los desdoblamientos, las dobles caras. La propia Emily, que al parecer de repente dejó de ser quien era a ojos de Brendan para convertirse en otra persona, es la primera en presentar ese síntoma, aunque también sea la primera víctima de ello. La película se abre con Brendan observando su cuerpo muerto, momento que recuerda inevitablemente a Laura Palmer y la serie televisiva creada por David Lynch, Twin Peaks, recuerdo que se enfatizará según avance la película con ese mundo de dobles e institutos donde los jóvenes llevan una vida para nada correlativa a la imagen que dan. También viene a recordar una película olvidada pero llena de interés, Instinto sádico (River's Edge), de Tim Hunter, donde también aparecía el cadáver de una joven en el contexto de un instituto y que, por cierto, le sirvió a Lynch de inspiración para su serie. Pero a diferencia de ellos, Johnson plantea a través de ese descubrimiento algo más, puesto que en su mente está la de realizar un noir con una estética diferente aunque, eso sí, partiendo de elementos conocidos. De ahí que nunca caiga en crear momentos de claroscuros y la fotografía sea muy lumínica, en ocasiones en exceso, o que los decorados siempre presenten una fisonomía muy realista sin modificaciones ni búsquedas de crear reminiscencias. La atmósfera noir la teje a través de la historia, los personajes y la actuación de los actores y unos diálogos muy medidos, dejan al contexto exterior en su fisonomía normal. La propia música, de gran importancia en la película, juega en todo momento con diferentes tonalidades, sin caer en ningún momento en que acompañar a la imagen con sonoridades puramente jazzísticas que, irremediablemente, supondrían una clara mirada al pasado; le basta con algunos temas en momentos concretos para recordar en qué terreno se mueve, pero nunca abusando.

En su primera película, Rian Johnson deja claro que es un cineasta a tener en cuenta en el futuro, no sólo por haber construido una película sólida y con una trama bien resuelta, sino porque ha sido capaz de traer el pasado al presente con solvencia y, ante todo, con respeto, dejando de lado toda mirada de soberbia, aunque, eso sí, patentando la posibilidad de hacer algo diferente partiendo de unos elementos muy asentados. Y eso es más que suficiente. (Israel Paredes)



CAPTURAS:
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