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miércoles, 4 de julio de 2012

Tsubaki Sanjûrô (Akira Kurosawa, 1962)




Sanjuro

Ficha Técnica:

Título original:

Tsubaki Sanjúrô (The Criterion Collection)

Año:

1962

País:

Japón

Género:

Acción, aventuras, Japón feudal, Samurais

Dirección:

Akira Kurosawa

Guión:

Ryûzô Kikushima, Hideo Oguni, Akira Kurosawa, Shûgorô Yamamoto (novela: "Nichinichi heian")

Duración:

96 min

Reparto:

Toshirô Mifune, Tatsuya Nakadai, Keiju Kobayashi

Datos del archivo:

Idioma:

Japonés, subs en inglés y español (srt)

Calidad:

DVDRip

Resolución:

864 x 368

Formato:

MKV

Tamaño:

1,45 GB


Sinopsis:
En el Japón de la era Tokugawa, un grupo de nueve jóvenes samuráis está decidido a acabar con la corrupción reinante y a acabar con todos los que están relacionados con ella. Consiguen el apoyo del inspector de policía Kikui y se preparan para llevar a cabo su plan. Poco después, aparece Sajuro, un personaje salido de entre las sombras, que empezará a actuar y a poner orden en medio del caos. (FILMAFFINITY)

A lo largo de la historia del cine, el éxito obtenido por una película que versa sobre un personaje pintoresco y atractivo con el que el público pueda sentir una empatía absoluta ha dado como resultado la continuación de las andanzas de ese citado personaje en más películas. Algunas, secuelas normales que relatan lo sucedido después de lo acontecido al final de la película original. En otras ocasiones se limitan a explicar otras peripecias vividas por el protagonista da igual si antes o después de lo que mostraba la primera entrega.

Si bien es cierto que muchas veces esas continuaciones han sido puramente por motivos comerciales (Si bien no, el 90% de las veces es así), que se preocupan en rodar cuanto más rápido mejor una nueva entrega para tenerla a punto, en otras muy especiales la colaboración entre director y actor ha sido tan fructífera y satisfactoria unida a la satisfacción obtenida con el resultado que deciden continuar probando con el mismo personaje. Es el caso de Steven Speilberg e Indiana Jones, es el caso de James Cameron y el T-800 por ejemplo y es el caso de Akira Kurosawa y Sanjuro.

Sanjuro no está planteada como una secuela al uso sino como una muestra de otro pedazo de las aventuras que rodean al personaje de Sanjuro, que nos fue presentado en el largometraje Yojimbo (Yojimbo, 1961). El simpático samurai en esta ocasión y de forma muy parecida a la anterior se verá en medio de un conflicto que tras probar los dos bandos, será de nuevo él el detonante y causante de la resolución de tal conflicto.

La principal diferencia y por lo tanto su aspecto más interesante radica en la evolución del personaje.

Kurosawa urde una trama mucho más simple que la anterior para que sea un cúmulo de situaciones que sirvan para el desarrollo del personaje, el motor de la historia. Sanjuro, protagonista absoluto y presente en el 95% de los planos es el desencadenante de cada una de las tramas y percances que se van sucediendo. Por ello, la película va evolucionando en paralelo a él. En esta ocasión, a pesar de contar con los mismos guiños y defectos que los que ya conocíamos, Sanjuro toma partido por primera vez con una causa y actuará en consecuencia. De un modo u otro aflorarán los valores del verdadero samurai, aquellos que tenía olvidados bajo la sangre que compraba su katana. Él será consciente de su propia condición, y aceptando esa posición que ha empezado a descubrir decide llevarla hasta el límite para así probarse a si mismo que en el fondo y como dice la dama es una buena persona.

Así pues, el rudo guerrero sentirá por primera vez el peso de las palabras que le afectarán más que un mandoble de la espada con la que él acostumbra a matar. Esa determinación será la que le haga abandonar su frialdad hacia todo lo que no sea el dinero para luchar por una causa aún sabiendo que él mismo no tiene salvación.

En un desenlace lírico que bordea el homenaje al de Centauros del desierto (The Searchers. John Ford, 1956) y del mismo modo que el personaje de Ethan Edwards, Sanjuro se marcha por el horizonte sin un lugar al que ir, sin un lugar al que agarrarse tras haber espetado a los jóvenes en un acto de conciencia e iluminación que ellos aún están a tiempo de ser espadas envainadas, las verdaderamente bonitas, no como él, una espada desenvainada que ya no tiene remedio. Un desenlace orgulloso y épico el que brinda el cineasta a su criatura mostrando ya su cariño a un personaje que prefiere salvar antes que dejarlo ir sin remisión alguna puesto que Sanjuro se alejará con la posesión más preciada para un samurai y para un hombre. Su honor y su dignidad.

La complicidad con su muso, Toshirô Mifune y su implicación con el personaje es sin duda alguna la mayor virtud de la película. La identificación de Mifune con su personaje en una interpretación portentosa, que varía del patetismo de la primera vez que vimos al personaje hacia la evolución que va sufriendo pero sin dejar los viejos hábitos como el tocarse la barba o los gestos que acompañaban al yojimbo en su primera entrega no hace sino que apoyar la sutilidad y cariño con el que ambos instigadores y máximos responsables del producto se han volcado a la hora de retratar un personaje que del mismo modo que podría ser el Antoine Doiniel de Truffaut, queda arraigado en la memoria del espectador al asociar a Mifune y Kurosawa (entre otros claro está, porque su colaboración perduró a lo largo de dieciséis títulos).

Consciente de la poca importancia de la historia que cuenta y la trama que la crea, Kurosawa se centra única y exclusivamente en la puesta en escena para retratar un largometraje que Mifune lleva como y por donde quiere.

Gracias a una dirección milimétricamente calculada hasta lo más mínimo, una composición de los encuadres rica hasta el detalle y una consecución de un estilo lo más parecido a la anterior aparición en las pantallas de Sanjuro, lima las deficiencias de una muy débil consistencia dramática. La perfección técnica que demuestra el cineasta japonés choca sobremanera con la simplicidad del guión, pero que Kurosawa se permite el lujo de taparlo con detalles magistrales como son el cierre de la película con el mismo plano y la misma música que abría Yojimbo dándole una posible estructura circular y atemporal, pero que al conocer la evolución de su protagonista tiene un peso mucho más dramático, o de nuevo la forma tan estilizada de la utilización de la violencia, mostrada de nuevo aquí con la menos cantidad posibles de cortes, dejando el encuadre libre para que se desarrolle todo cuanto más cercano a la realidad mejor. Una violencia que evoluciona de igual modo que su protagonista, que al final no quiere seguir matando, y que Kurosawa exagerando el efecto del corte en el pecho de la víctima con la sangre brotando casi de igual modo que en Kill Bill (Quentin Tarantino, 2003), acentúa la carga moral que supone para Sanjuro, olvidando el espectador la posible comicidad generada por la voluntaria exageración del momento pero que alcanza unas cotas de sensibilidad espectaculares gracias a la sobriedad de la puesta en escena del director. Toda la discusión entre los dos rivales aguantada en un plano fijo con los jóvenes detrás mientras Sanjuro por primera vez intenta no pelear porque no va a conseguir nada con ello.

Yojmbo posee una historia más potente y atractiva que ésta película, pero sin lugar a dudas Sanjuro es cinematográficamente mucho mejor película. (http://www.miradas.net)




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