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martes, 10 de enero de 2012

Barbary Coast (Howard Hawks & William Wyler, 1935)



La ciudad sin ley

Ficha Técnica:



Título original:

Barbary Coast

Año:

1935

País:

Estados Unidos

Género:

Aventuras. Drama

Dirección:

Howard Hawks & William Wyler

Guión:

Edward Chodorov, Ben Hecht

Duración:

97 min



Reparto:



Miriam Hopkins, Edward G. Robinson, Joel McCrea, Walter Brennan, Frank Craven, Brian Donlevy, Harry Carey, J.M. Kerrigan, Donald Meek, Clyde Cook, Roger Gray, Rollo Lloyd, Matt McHugh



Datos del archivo:



Idioma:

Inglés / Español con subs en español (srt)

Calidad:

DVDRip

Resolución:

512 x 384

Formato:

AVI

Tamaño:

764 MB


Sinopsis:
En 1849 se produce la fiebre de oro en California y oleadas de aventureros, después de atravesar las Rocosas o bien, enfrentarse a mares embravecidos, llegan a la Costa Bárbara, en el Pacífico, atraidos también por la ciudad de San Francisco. (FILMAFFINITY)


Primera de las cuatro películas que Howard Hawks realizó para la Samuel Goldwyn, La ciudad sin ley no es en la filmografía del director uno de sus títulos más recordados y destacados, incluso tampoco lo fue para él mismo. Ambientada en San Francisco en el año 1849, en la conocida época histórica de la fiebre por la búsqueda de oro en las tierras del oeste americano, en la que imperaba en las recién estrenadas ciudades el caos y la corrupción de las leyes y del orden, la película narra la historia de amor entre una joven ambiciosa cazafortunas, Mary Rutledge (Miriam Hopkins) y un joven, Jim Carmichael (Joel McCrea), quien ya habiendo conseguido su pequeño cargamento del preciado metal, decide volver a su Nueva York natal, feliz con su tesoro dignamente ganado. Entre ellos, y como tercer vértice de un triángulo amoroso, se encuentra Louis Chamalis (Edward G. Robinson), el propietario de una sala de juegos que se dedica a robar el oro a sus clientes mediante trampas.

El guión del film es obra de Ben Hecht y Charles MacArthur, con los cuales Hawks colaboró repetidas veces a lo largo de su carrera. Así, Hecht intervino en títulos tan destacados como Scarface, el terror del hampa (Scarfece, 1932) o Me siento rejuvenecer (Monkey Bussiness, 1952), y ambos lo hicieron en La comedia de la vida, (Twentieth Century, 1934) y sobretodo en la ácida visión del mundo de la prensa Luna nueva (His Girl Friday, 1940. Los dos autores procedían del ámbito periodístico, hecho más que constatable, no sólo en la anterior obra mencionada, en la que éste tema era el centro de la trama, sino también en la película que nos ocupa, en la que se constituye como uno de los temas de fondo que el film plantea. Junto a Mary (llamada en la película "Cisne") llega a San Francisco el Coronel Cobb (Frank Craven), un periodista que se define a sí mismo como idealista (según él los periodistas sólo pueden ser idealistas o borrachos), y que al comprar una imprenta y fundar un periódico en la ciudad, el Clarín, quisiera ejercer de denunciador de las injusticias sociales que en aquella se vienen realizando. Sus pretensiones son rápidamente anuladas por Chamalis, quien le obliga a introducir contenidos en su diario que le procuren buena prensa ante los ciudadanos y escondan los atroces métodos que emplea como coacción y las crueldades asesinas de sus secuaces. Cobb es un personaje interesante, a mi entender uno de los pocos que posee el film, ya que ejemplifica la entereza moral –aunque de hecho sea un cobarde resignado– de un periodista que considera que en el fondo su profesión no es nada enorgullecedora. Significativo al respecto es el diálogo que mantiene con un compañero antes de ser asesinado en la calle por el sicario de Chamalis, el apodado "Nudillos" (Brian Donlevy). Cobb trata de justificar ante el empleado su negativa a publicar en el diario artículos que denuncien la situación corrupta en la ciudad. Según él, los periodistas acaban indefectiblemente en el infierno, y puesto que esto es irremediable, ya tendrán tiempo allí de cargar contra quien quieran con sus plumas. Es bastante significativo, pues, que sea el personaje de Cobb, y no los principales, uno de los que dé más juego e interés en la película. También hay que destacar la espléndida interpretación de Walter Brennan en su personaje de "Viejo Atrocidad". Los personajes que Brennan interpretó para Hawks, en este film y en otros como Rivales (Come and Get It, 1936), El sargento York (Sergeant York, 1941) Río Bravo (íd., 1959), Rio Rojo (Red River, 1948) o Tener y no tener (To Have and Have Not, 1944) actuaban como apoyo al personaje principal, pero sobretodo cumplían con la función de ofrecer al espectador unos momentos de distensión al ejercer de contrapunto cómico a las situaciones mostradas. Brennan, como "Vieja Atrocidad", protagoniza algunos de los mejores momentos de la película, como el intento de timo en el traslado de los pasajeros del barco hacia la costa, en el que se inventa un cambio de tarifa repentino por el cambio de hora, cuando aquellos ya no tienen opción de volver atrás, o el hecho mismo de llevar parche para, según él, adoptar un aspecto más "feroz".

Pero pese a Cobb y "Atrocidad", el resto de personajes son en La ciudad sin ley realmente insustanciales. Empezando por Chamalis, un Edward G. Robinson risible en su caracterización de tipo duro y sin escrúpulos, que incomprensiblemente al final de la película se convierte como por arte de magia en un valiente héroe que es capaz hasta de dejar que su amada se escape con otro. "Cisne"- Rutledge tampoco se puede decir que luzca, pues se pasa el film fingiendo lágrimas y sollozos o intentando aparentar una fría mirada de mujer calculadora que no llega a convencer en ningún momento. Y para acabar con el trío, el personaje de Jim, un joven culto y amante de la poesía que se pasa dos años (!!) sin hablar con nadie mientras trabaja su oro, y que no despierta ningún interés ni credibilidad. Poca cosa pueden hacer los actores en semejantes papeles, personajes planos y unidimensionales que no resultan para nada creíbles ni mucho menos atractivos. Y qué decir tiene el apodado "Nudillos", una máquina de violencia y crueldad que parece no tener cerebro, o el juez borracho que es capaz de acceder a un juicio improvisado en plena ebriedad y quedarse tan tranquilo, o hasta los justicieros ciudadanos, tan o más crueles en sus métodos que los anteriores verdugos. En resumen, la película flaquea ante todo en mostrar unas situaciones exageradas al límite y unos personajes para nada identificables con el género humano.

Pese a todo esto, el film aún muestra la magnífica huella Hawks en algunos detalles: la obsesión por el perdón tras la muerte y la subida al cielo, ejemplificada esta vez en el detalle del chino que implora horrorizado que no le corten la coleta, alegando que sin ella no podrá ir al cielo (¿recuerdan el dedo de Kirk Douglas en Río de sangre / Blue Sky, 1952?); el estilo formal sobrio, caracterizado por planos medios que enfatizan la acción y los diálogos, con la cámara siempre al servicio de la acción permaneciendo en un discreto segundo plano y las innumerables elipsis marcadas por encadenados, estilo formal ya clásico que en el vertiginoso ritmo de los films de Hawks se repetía continuamente.

La ciudad sin ley es una película oscura y con una atmósfera asfixiante, en la que San Francisco está literalmente inundada por la niebla, uno de los sellos de identificación más característicos de esta urbe. Este elemento, pese a haber sido descalificado por el mismo Hawks, a quien no le gustó nada utilizarlo, es curiosamente uno de los aspectos más destacados de la película, pues además de justificar la acción (la niebla impide la salida del barco que se llevaría a Jim) actúa como metáfora de la oscuridad del alma de los personajes. El trabajo de Ray June como director de fotografía es casi lo mejor del film, lo que le otorga un estilo propio. En palabras de Quim Casas, «se convierte en metáfora del carácter ambiguo, dubitativo, contrastado, neblinoso en una palabra, de los prinicipales personjes del relato». Lástima que estos personajes, como ya se ha comentado, no lleguen a traslucir una profundidad ni un atractivo que quede en consonancia con la atmósfera en la que viven.

La película resulta pues pobre y poco trabajada en su conjunto, con un potencial argumental interesante, pero que se pierde del todo en la caracterización de los personajes y la superficialidad y artificio de las situaciones. Película menor en el universo Hawks, que merece al menos ser considerada como algo más que aceptable, pero que nunca llegará al nivel de otras obras geniales del mismo realizador.

(http://www.miradas.net/0204/estudios/2003/06_hhawks/laciudadsinley.html)




CAPTURAS:

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